26 de abril de 2009

Un martillo y un cincel

El miedo, qué cosa tan extraña y tan común, cuando dicen los "seres humanos son todos iguales", de seguro que piensan en que todos tienen miedo de ser únicos. Es así, pienso en cuántas veces me he detenido en algo, dándome de frente con esta inmensa pared llamada "miedo", ya no puedo disimular las marcas de los golpes ante la gente, que se da cuenta de cuanto he tenido que lidiar con él.

Es impresionante ver a tantos personajes que se han preguntado por la sociedad, por su existencia, por su mantención, cuando la respuesta está justo en frente, el miedo. Se nos ha dicho que el miedo se proyecta hacia los demás, que "el hombre es un lobo para el hombre", pero yo digo "el hombre es un lobo para sí mismo", y es él su mayor fuente de temor. Los demás no nos conocen, ¿cómo es posible de que nos teman?

Yo por mi parte, cansado de esta situación, he tomado el cincel y el martillo, dispuesto a flanquear esta muralla que me ahoga y me impide llegar a lo más hondo de mí. En esta ardua tarea que me propongo realizar este blog tiene un papel fundamental. "Deconstruir la contingencia" no es más que una forma rebuscada de decir, que en este espacio escribiré de lo que sea y como a mi me parezca, sin afán de congraciarme con nadie más, sólo conmigo, en una acción puramente antisocial, narcisa y egocéntrica. ¿Algún fin? quién sabe, sólo conozco a mis compañeros de viaje: "conócete a ti mismo", "cuida de tí mismo" y "sé feliz".